miércoles, 5 de febrero de 2014

Homenaje al género carta

Como ya saben quienes nos siguen en facebook, una de las cosas que nos gusta compartir en ese espacio son los cuadros, de distintas épocas, que representan escenas de lectura. Este mes decidimos acotar un poco más la selección y nos centraremos en una imagen particular: la de los lectores de cartas.
 
La carta, de Mary Cassatt
Abierta con avidez y leída alternativamente con emoción, con intriga o con estupor, el efecto que una carta produce suele ser más hondo que el que provoca cualquier vía más moderna, y eficaz, de intercambio (siempre menos elaborada y sin duda más efímera). 

Tal vez porque ahora estamos más en contacto los unos con los otros (con las facilidades del contacto a distancia y las redes sociales); tal vez porque el género epistolar es el género de lo diferido: nunca el momento de escritura y el momento de recepción son simultáneos, y entonces a la distancia espacial se suma la distancia del tiempo; tal vez porque las cartas exhiben más que otro medio a la persona que las escribe, con su letra manuscrita y sus tachaduras de imposible disimulo, o quizá porque es un mensaje que va directo de uno a otro (y cualquier desvío de ese camino será evidente), es solo de esas dos personas; quizás, finalmente, porque podemos saber que lo que nos escriben dice el fondo del otro (algo que pensó con cuidado y para lo que eligió cada palabra), todo en el género carta es más intenso que otros tipos de comunicación.

Las escenas de lectura que postearemos lo mostrarán. Y, por si quedaran dudas, los grandes ejemplos de cartas (pequeños fragmentos de epistolarios reales) que iremos compartiendo darán su ratificación. Como ejemplo, y por razones de espacio, solo incluiremos aquí líneas de despedida en las cartas de Gustave Flaubert a su amante Louise Colet. Verán cómo solo los saludos finales van dando cuenta del declinar de la relación, desde el tuteo y la entrega iniciales hasta el adiós definitivo: 
"Adiós, adiós.
Te envío toda la ternura que tú quieras". 
 5 de agosto de 1846
"Adiós, mil ternuras. Soy tuyo de la noche a la mañana, de la mañana a la noche".
9 de agosto de 1846 
"Adiós, mi vida, un beso muy largo; acaricio tus tirabuzones, cuya punta levanto levemente".
18 de octubre de 1846 
"Adiós, querida camarada, ya que ahora solo me permites que de dé ese nombre: me estrechas la mano al final de todas tus cartas. ¿Me permites que yo bese aún las tuyas, como el primer día, como el miércoles por la noche?
Adiós, adiós".
25 de octubre de 1846 
"Adiós, mil ternuras, aunque tengo el corazón encogido como si me lo estuvieran apretando como un cordón".
2 de diciembre de 1846 
"No comprendo sus enfados ni sus caprichos. Hace mal, pues es buena, excelente y amable, y no tiene perdón que estropee todo eso sin motivo.
Sosiéguese y, cuando vuelva a verla, recíbame con una carcajada, diciendo que ha sido una tonta".
Fines de diciembre de 1846 
"Adiós, un beso.
Suyo".
Marzo de 1948 
Además de los cuadros y los fragmentos, también estaremos regalando libros compuestos de cartas o que hablan de ellas, como los clásicos de Bolívar, Kafka, Sor Juana Inés de la Cruz o Poe. Y en torno al 14 de febrero y por imposición de la fecha nos dedicaremos puntualmente a las cartas de amor

¡Los esperamos!

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada