martes, 11 de febrero de 2014

Borges enamorado

Jorge Luis Borges envió a Estela Canto una seguidilla enamorada de tarjetas postales en la mitad de la década del 40. El romance no prosperó, pero las cartas, afortunadamente, sobrevivieron (y las publicó, tal vez con cierta falta de delicadeza, la propia Canto). Aquí tres de ellas:

La primera, en la que Borges comenta, como al pasar (¡como si no se tratara del hito literario que fue!) que está escribiendo "El Aleph" (que dedicaría a ella):

Lunes 5. 
I miss you unceasingly (te echo de menos incesantemente). Descubrir juntos una ciudad, sería, como dices, bastante mágico. Felizmente otra ciudad nos queda: nuestra ilimitada, cambiante, desconocida e inagotable Buenos Aires. (Quizá la descripción más fiel de Buenos Aires la da, sin saberlo, De Quincey, en unas páginas tituladas The Nation of London.) Además, cuando descubríamos Adrogué, nos descubríamos realmente a nosotros mismos; el descubrimiento de caminos, quintas y plazas era una especie de metáfora ilustrativa, de pequeña acción paralela
No te he agradecido aún la alegría que tu carta me dio. Esta semana concluiré el borrador de la historia que me gustaría dedicarte: la de un lugar (en la calle Brasil) donde están todos los lugares del mundo. Tengo otro objeto semimágico para ti, una especie de caleidoscopio. 
Afectos a los Bioy, a Wilcock. Deseo que pases en Mar del Plata una temporada feliz y (me dirás que esto es incoherente) que vuelvas pronto. 
Yours, ever, Georgie. 

Una segunda: 

Lunes diecinueve. 
Querida Estela: 
Una vasta gratitud por tu carta. A lo largo de las tardes el cuento del lugar que es todos los otros avanza, pero no se acerca a su fin, porque se subdivide como la pista de la tortuga. (Alguna noche hablamos de eso, ya que es uno de mis dos o tres temas.) Me agradaría mucho que me ayudaras para algún detalle preciso, que es indispensable y que no descubro. Catorce páginas he agotado ya con mi letra de enano. 
No sé qué le ocurre a Buenos Aires. No hace otra cosa que aludirte, infinitamente. Corrientes, Lavalle, San Telmo, la entrada del subterráneo (donde espero esperarte una tarde; donde, lo diré con más timidez, espero esperar esperarte) te recuerdan con dedicación especial. En Contrapunto, Sábato ha publicado un artículo muy generoso y lúcido sobre el cuento "La muerte y la brújula", que alguna vez te agradó. Se titula "La geometrización de la novela". Sospecho que no tiene razón. 
¿Qué escribes, qué planeas, Estela? Tuyo, con impaciencia y afecto, Georgie.

Y la tercera, que muestra un Borges algo asustado por el sentimentalismo del que es capaz (tal vez para atenuarlo haya elegido escribirla en inglés; Canto la traduce para sus lectores en su edición):
Thursday, about five. 
I am in Buenos Aires, I shall see you tonight, I shall see you tomorrow, I know we shall be happy together (happy and drifting an sometimes speechless and most gloriously silly), and already I feel the bodily pang of being separated from you, turn asunder from you, by rivers, by cities, by tufts of grass, by circumstances, by days and nights. 
These are, I promise, the last lines I shall allow myself in this strain; I shall abound no longer in self-pity. Dear love, I love you; I wish you all happiness; a vast and complex and closewoven future of happiness lies ahead of us. I am writing like some horrible prose poet; I dont dare to reread this regrettable postcard. Estela, Estela Canto, when you read this I shall be finishing the story I promised you, the first of a long series.
Yours, Georgie.  [Estoy en Buenos Aires, te veré esta noche, te veré mañana, sé que seremos felices juntos (felices, deslizándonos y a veces sin palabras y gloriosamente tontos), y ya siento el dolor corporal de estar separado de ti por ríos, por ciudades, por matas de hierba, por circunstancias, por los días y las noches. 
Éstas son, lo prometo, las últimas líneas que me permitiré en este sentido; no volveré a entregarme a la piedad por mí mismo. Querido amor, te amo; te deseo toda la dicha; un vasto, complejo y entretejido futuro de felicidad yace ante nosotros. Escribo como algún horrible poeta prosista; no me atrevo a releer esta lamentable tarjeta postal. Estela, Estela Canto, cuando leas esto estaré terminando el cuento que te prometí, el primero de una larga serie.
Tuyo.] 
Borges a contraluz

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