lunes, 20 de abril de 2015

Día del libro y de los libros por antonomasia

Mujer leyendo, del pintor colombiano Fernando Botero
Esta semana (más precisamente el jueves) se festeja el Día Internacional del Libro. ¿Por qué justo el 23 de abril? Porque es la fecha en que se dio una notable coincidencia. Ese día, en el año 1616, tres grandes escritores pasaron a la inmortalidad literaria: Miguel de Cervantes, William Shakespeare (aunque bajo otro calendario) y el Inca Garcilaso de la Vega. Y esta celebración nos llevó a pensar en los libros por antonomasia: los eternos clásicos de la literatura.

"Yo he tratado más de releer que de leer", decía un Borges entrado en años. Según declaraba en entrevistas, hacía tiempo que había optado por revisitar textos ya leídos (evaluados en su momento y considerados piezas maestras), en vez de buscar nuevos méritos en otros por conocer. Lo más seguro es que coincidiera en esto con Ítalo Calvino, para quien los clásicos se definían, precisamente, por no agotarse en una primera (ni segunda, ni tercera) lectura. Así caracterizaba estas obras especiales el escritor italiano en su (ya clásico también) Por qué leer los clásicos: 
“Un clásico es una obra que suscita un incesante polvillo de discursos críticos, pero que la obra se sacude continuamente de encima”. 
“Los clásicos son libros que cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad”. 
“Los clásicos son esos libros que nos llegan trayendo impresa la huella de las lecturas que han precedido a la nuestra, y tras de sí la huella que han dejado en la cultura o en las culturas que han atravesado (o más sencillamente, en el lenguaje o en las costumbres)”.
“Se llama clásico a un libro que se configura como equivalente del universo, a semejanza de los antiguos talismanes”. 
“Es clásico lo que tiende a relegar la actualidad a categoría de ruido de fondo, pero al mismo tiempo no puede prescindir de ese ruido de fondo”.

¿Cuál es su clásico, el que usted no se cansa de releer, el que cubre siempre sus expectativas, el que en cada lectura le aporta una visión enriquecedora o un disfrute nuevo? ¡Lo conversamos aquí!

miércoles, 18 de marzo de 2015

Manías del lector

La constancia para seguir una historia, la capacidad de abstraerse del mundo por fuera de las páginas, la afición a observar otras realidades tal vez hagan del lector una figura propensa a las manías. O tal vez sea pura casualidad. Pero lo cierto es que la mayoría de los que leemos presentamos algunos de estos hábitos… o vicios, según sea la frecuencia e intensidad de la práctica:
Oler (aspirar) los libros.
Empezar a leerlos por atrás o salteadamente.
Subrayar con birome las frases logradas.
Subrayar con resaltador las frases logradas.
Subrayar con un delicado lápiz las frases logradas.
No subrayar ni intervenir en lo más mínimo el espacio sagrado de la página impresa (y advertir a quienes les prestamos los libros que se abstengan de cometer tal herejía).
Corregir las erratas de los libros. Agregar, a veces, comentarios indignados.
Usar tickets, boletos, hojas secas de los árboles o vulgares señaladores para marcar las páginas.
Doblar la puntita de la hoja para marcar la página.
Leer el libro del vecino cuando en un transporte público nos quedamos sin lectura.
Elegir un libro para cualquier viaje en transporte público, incluso uno de 10 minutos. O más de un libro, por si alguno no "funciona".
Nunca dejar un libro por la mitad... o, por el contrario, empezar varios a la vez, sin fidelidad garantizada a priori.
Identificar los libros propios. Con ex libris (literalmente, 'de entre los libros': las etiquetas o los sellos compuestos de un dibujo y del espacio para poner el nombre del propietario, como el de la imagen).

O poner nuestras iniciales en los libros (el nombre completo, el año, el número de teléfono y el nombre de quién lo regaló y la fecha de cuándo).
Anotar, al final del libro, la fecha en que lo terminamos. Y, tal vez, el veredicto. 
No poder irse a dormir sin leer algo, un poco. Aunque ya sea tarde y aunque mañana haya que madrugar.  
Comprar más de una edición de un libro favorito. Tenerlo en versión de bolsillo, en tapa dura, en e-book, ilustrado...
¿En qué manía se reconocen? ¿Y cuál agregarían? Anímense… ¡no están solos en esto!

viernes, 13 de marzo de 2015

El primer Premio Nobel de Literatura

El 17 de marzo de 1839 nacía en París el poeta Sully Prudhomme. Hoy en día se recuerda más que fue, allá por 1900, el primer Premio Nobel de Literatura (y de ahí el homenaje en la estampilla que mostramos abajo) que su literatura. Pero rescatamos de él este poema que reflexiona sobre cómo la costumbre guía nuestros pasos. Se titula, precisamente, "La costumbre":

La costumbre es una forastera que suplanta a nuestra razón,
una vieja ama de casa que se instala en el hogar.
Es discreta, humilde y leal.
Conoce todos los rincones.
Nunca nos ocupamos de ella
porque sus atenciones son invisibles. 
Conduce los pasos del hombre
por el camino que él hubiera elegido.
Sabe los fines que este persigue
sin que él haya de señalárselos,
y le dice con voz queda: «Por aquí».
Trabajando en silencio para nosotros
con ademán seguro y siempre idéntico,
tiene la vigilancia en la mirada
y la dulzura del sueño en los labios.
Pero ¡imprudente aquel
que se abandone a su yugo, una vez conocido! 
Esta vieja de paso monótono
va adormeciendo la joven libertad,
y todos los que, insensiblemente,
se han dejado ganar por su fuerza oscura,
son hombres por la fisonomía,
pero son cosas por los movimientos. 

viernes, 20 de febrero de 2015

Librerías de película

Historias de amor nacidas o fortalecidas o reencauzadas dentro de librerías. Pocas combinaciones mejores para quienes amamos los libros y los espacios que los alojan, ¿no es cierto? Aquí una recopilación de cinco películas que ponen estantes llenos de libros, mesas con novedades editoriales y vidrieras con rostros de autores como telón de fondo:

Tienes un e-mail (de 1998), en la que Kathleen Kelly (Meg Ryan), dueña de una encantadora librería infantil, The Shop Around the Corner, se enfrenta con el propietario de una cadena de librerías de gran superficie (Tom Hanks) que se le instala en el barrio. Cara a cara, los personajes no pueden estar más enfrentados. Pero por mail (paralela y anónimamente) se produce un encuentro más real entre ellos que los enamora.

Notting Hill (de 1999), que es posiblemente la película más asociada a una librería. Dicen que el lugar en Londres donde está el negocio es meca turística para los fanáticos. El film cuenta el romance entre un librero (el galán de los tiempos modernos, Hugh Grant) y una estrella de cine (protagonizada por una verdadera estrella de cine, Julia Roberts). 

Cuando Harry conoció a Sally (de 1989) transcurre en una librería tan solo durante una escena. Pero esa escena es clave: es cuando Harry Burns (Billy Cristal) y Sally Albright (¡otra de Meg Ryan!) deciden que sí, que después de todo pueden ser amigos a pesar de ser hombre y mujer (y esto es antes del final de la película, cuando se dan cuenta de que en realidad no son amigos, de que en realidad se aman). Y el reencuentro (después de años de no haberse visto) se da solo porque la amiga de Sally (Carrie Fisher), siempre en plan Celestina, le señala: "Alguien te está mirando desde Crecimiento personal" (el estante de…, es que Harry tenía miedo de acercarse); el fotograma ese instante aquí:



Antes del atardecer (de 2004) reúne también a dos enamorados en una librería, esta vez bajo la excusa de la presentación de un libro: el de Jesse (Ethan Hawke) sobre su romance tan fugaz como intenso e inolvidable con Celine (Julie Delpy), años atrás. La librería del reencuentro es nada menos que la famosa Shakespeare & Co. Y la ciudad es nada menos que París. Sumado esto a una linda historia de amor, da la película perfecta.

Enamorándose (de 1984) es nuestro último clásico de romances filmados en librerías. Un arquitecto y una diseñadora se conocen mientras están comprando libros como regalo de navidad para sus respectivos cónyuges. Están en la Rizzoli, de Nueva York. En el apuro, confunden sus paquetes. Y a partir de esa casualidad nace una buena historia de amor, de esas de amor de segunda vuelta.


En la semana que de la entrega de los Oscar, ¿cuál es su película-en-librería preferida? O con mayor amplitud ¿cuál es la mejor película de amor y libros? La seguimos aquí.

Librería de novela

Hay muchos libros sobre librerías. Pero ninguno tan eficaz para transmitir el encantamiento que estos espacios pueden ejercer sobre nosotros como 84, Charing Cross Road.

Se trata de la correspondencia real de la escritora estadounidense Helene Hanff en torno a la librería londinense Marks & Co y contiene las cartas de la autora a los distintos libreros que la atienden, en las que hace su pedido de libros mientras va trabando amistad con cada uno gracias a su desparpajo cómplice y gran sentido del humor. A estos mensajes siguen las respuestas de los diferentes empleados. Y hay incluso la carta de un testigo a distancia: como Helene no cuenta con dinero suficiente para cruzar el Atlántico, ha pedido a su amiga Maxine que vaya a la librería a mirarla, a recorrerla con sus ojos, por ella, y que luego se la describa. Aquí el resultado, la parte del mensaje que se refiere a este cometido:

Londres, 10 de septiembre de 1951

Querida:
84, Charing Cross Road

¡Es una tiendecita antigua y encantadora, que parece salida directamente de las páginas de una novela de Dickens! ¡Te chiflará cuando la veas!

Tienen fuera unos expositores, y me paré a hojear unas cuantas cosas simplemente para asumir la apariencia de una amante de los libros antes de pasar al interior. Dentro está oscuro: hueles los libros antes de poder verlos; un olor de lo más agradable. No soy capaz de describírtelo, pero es una combinación de moho, polvo y vejez, de paredes revestidas de madera y suelo entarimado. Hacia el fondo de la tienda, a la izquierda, hay un escritorio con una lámpara de estudio encima. Frente a él estaba sentado un hombre de unos cincuenta años, con nariz a lo Hogarth. Levantó la mirada al entrar yo, y me saludó diciendo: "Buenas tardes. ¿Puedo ayudarla?", con marcado acento del Norte. Le respondí que sólo quería curiosear, y me animó a hacerlo.

Hay metros y metros de estantes, inacabables. Llegan hasta el techo y son muy antiguos y de tono agrisado, como de roble viejo que ha absorbido tanto polvo al correr de los años que ya ha perdido su color originario. Tienen una sección dedicada a grabados, que es una gran mesa alargada en la que se exponen grabados de Cruikshank, de Rackham, de Spy y de otros muchos ilustradores y caricaturistas ingleses que no soy capaz de reconocer porque apenas sé nada de ellos. Hay asimismo algunas revistas ilustradas, antiguas y deliciosas.

Permanecí dentro como una media hora, esperando que aparecieran por allí tu Frank o alguna de las chicas, pero era alrededor de la una cuando entré, así que supuse que probablemente habrían salido todos a almorzar, y yo tuve que irme porque no disponía de más tiempo.

(...)

jueves, 12 de febrero de 2015

Amores literarios

Decía Juan Rulfo que para un escritor no existen "más que tres temas básicos: el amor, la vida y la muerte". Y ciertamente, desde sus inicios, la literatura viene presentando relaciones amorosas con toda clase de desarrollos, protagonistas y destinos.

El beso (1962), de Roy Lichtenstein
De las parejas románticas de todos los tiempos, ¿cuál es su preferida? Vamos con las más clásicas como punto de partida, pero esperamos que aporten las que quieran:
  • Romeo y Julieta, los exaltados amantes que Shakespeare inmortalizó en Verona
  • la Maga y Oliveira, los que se encuentran en París, sin buscarse, todo misterio una, todo intelecto el otro
  • Stevens y Miss Kenton, décadas de amor reprimido entre tareas domésticas de los dos empleados y tazas de té inglés, en Lo que queda del día
  • Dulcinea del Toboso y su devoto, quijotesco e ingenioso hidalgo de la Mancha
  • Fermina Daza y quien probablemente sea el enamorado más persistente de la historia literaria: Florentino Ariza, de El amor en los tiempos del cólera, escrito por Gabriel García Márquez 
  • Tristán e Iseo, la leyenda celta del amor prohibido, cantada por trovadores durante toda la Edad Media
  • la paciente Penélope y el astuto Ulises, que logran, cada uno por su lado y mediante diferentes artimañas, volver a estar juntos.
¿Qué otros romances le parecen memorables? ¿Qué historias de amor (con final triste o feliz) son las que usted hubiera deseado vivir? Lo conversamos aquí.

Pedido de mano

¿Qué pretendiente envió tan promisoria carta al padre de su enamorada? (Tan promisoria, que uno diría que buscaba un no):
"Soy una persona taciturna, silenciosa, insociable, egoísta, hipocondríaca y enfermiza. Vivo en el seno de mi familia, con las mejores y más amables personas, sintiéndome más extraño que un extraño. Con mi madre, en los últimos años, no habré intercambiado ni veinte palabras diarias; con mi padre, nunca pasamos de un saludo. Con mis hermanas casadas y mis cuñados no hablo sin enfadarme. Para la vida familiar carezco del menor sentido. ¿Podrá vivir con semejante ser humano su hija, cuya naturaleza, la de una muchacha sana, está destinada a gozar de una auténtica dicha conyugal? Soportará llevar una vida monacal junto a un hombre que, pese a que la ama como jamás podrá amar a otra, debido a su vocación irrevocable se pasa la mayor parte del tiempo metido en su habitación o paseando en solitario?".

Sí, el de la foto. Que quería (o evitaba) casarse con Felice Bauer.