domingo, 26 de octubre de 2014

¿Se nace o se hace? Sobre la posibilidad de enseñar la labor del escritor

¿Se puede enseñar a escribir? Claramente sí se puede enseñar a trazar y enlazar letras para conformar palabras, pero la pregunta es ¿se puede enseñar a hacer literatura?

Felix Feneon at the revue blanche (1896), de Felix Vallotton

Hay quienes creen que es un camino personal e insondable, y por tanto una destreza que no se puede transmitir. Así pareciera sugerirlo la humorada de W. Somerset Maugham (1874-1965), narrador y dramaturgo inglés:
“Hay tres reglas para escribir una novela. Lamentablemente, nadie sabe cuáles son”.

O la ridiculización de Camilo José Cela en Café de artistas, donde el autor parece reírse de las supuestas fórmulas fijas para producir literatura. En una escena, le recomienda un editor a un autor:
“Y si usted quiere le que encargue una novela, ya sabe: planteamiento, nudo y desenlace. Verbigracia: una joven huérfana trabaja como una negra para poder sacar adelante a sus once hermanitos, que también son huérfanos y están algo delicados. Para darle mayores visos de realidad, podemos decir que trabaja en el instituto nacional de previsión, en la sección de seguros para madres lactantes. Bueno. La joven, que se llama, por ejemplo, Esmeralda de Valle-Florido, o Graciela de Prado-Tierno, o algún otro nombre cualquiera, el caso es que sea bello y simbólico, conoce un día, en una cafetería americana, ¡hay que ser modernos!, a un joven apuesto, de mirar profundo, que se llama, por ejemplo, Carlos o Alberto. No se le ocurra ponerle Estanislao, comprenda que no hace bien”.

Pero más parecen ser quienes creen que sí se puede enseñar a escribir, y con ellos están, naturalmente, todos los profesores de talleres literarios y todos los autores de manuales sobre el tema. Y escritores célebres, como queda explicitado en sendos catálogos de Juan Carlos Onetti y Augusto Monterroso.

Esas recomendaciones profesionales suelen reiterarse y giran en torno a la eficacia de un buen inicio, como esta de Juan Bosch:
“Comenzar bien un cuento y llevarlo hacia su final sin una digresión, sin una debilidad, sin un desvío: he ahí en pocas palabras el núcleo de la técnica del cuento. Quien sepa hacer eso tiene el oficio de cuentista, conoce la "tekné" del género. El oficio es la parte formal de la tarea, pero quien no domine ese lado formal no llegará a ser buen cuentista. Sólo el que lo domine podrá transformar el cuento, mejorarlo con una nueva modalidad, iluminarlo con el toque de su personalidad creadora. Ese oficio es necesario para el que cuenta cuentos en un mercado árabe y para el que los escribe en una biblioteca de París. No hay manera de conocerlo sin ejercerlo”.
O la ventaja de particularizar la narración de modo que los personajes, los elementos, los hechos se vuelvan singulares:

“Si te limitas a evocar una silla, evocas un concepto vago. Si dices que está manchada de azafrán, de pronto la silla aparece, se vuelve visible”, sostenía el escritor británico V. S. Naipaul.

Pero a la vez con mesura en la caracterización de las cosas de modo de no emplear palabras innecesarias. Decía Horacio Quiroga:

“No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él sólo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo”.

Y Alejo Carpentier, también en particular sobre los adjetivos:
“Cuando el Dios del Génesis, luego de poner luminarias en la haz del abismo, procede a la división de las aguas, este acto de dividir las aguas se hace imagen grandiosa mediante palabras concretas, que conservan todo su potencial poético desde que fueran pronunciadas por vez primera. (...) Así el refrán, frase que expone una esencia de sabiduría popular de experiencia colectiva, elimina casi siempre el adjetivo de sus cláusulas: "Dime con quién andas...", "Tanto va el cántaro a la fuente...", "El muerto al hoyo...", etc. Y es que, por instinto, quienes elaboran una materia verbal destinada a perdurar, desconfían del adjetivo, porque cada época tiene sus adjetivos perecederos, como tiene sus modas, sus faldas largas o cortas, sus chistes o leontinas. (...) Y la verdad es que todos los grandes estilos se caracterizan por una suma parquedad en el uso del adjetivo. Y cuando se valen de él, usan los adjetivos más concretos, simples, directos, definidores de calidad, consistencia, estado, materia y ánimo, tan preferidos por quienes redactaron la Biblia como por quien escribió el Quijote”.

Pero entre todos los consejos de escritores célebres, respecto de lo que más hay coincidencia es acerca de la necesidad de constancia en el trabajo de escribir: “El talento es algo bastante corriente. No escasea la inteligencia, sino la constancia”, decía la Premio Nobel Doris Lessing. Y como ella muchos autores (como Augusto Monterroso, Simone de Beauvoir y Francisco Umbral, respectivamente) conscientes de que los frutos obtenidos han venido de la siembra disciplinada:
"No hay novelistas precoces. Todos los grandes, los admirables novelistas, fueron, al principio, escribidores aprendices cuyo talento se fue gestando a base de constancia y convicción".
"Escribir es un oficio que se aprende escribiendo".
"El talento, en buena medida, es una cuestión de insistencia".

¿Qué creen ustedes? Quienes escriben ¿de dónde han obtenido recursos (narrativos, estilísticos) para hacerlo? ¿Procede todo de un don innato o es una destreza que se puede despertar, desarrollar y hacer lucir? ¿Sirven los talleres de escritura? ¿Sirven las guías y los consejos para escritores? ¿Siguen ustedes alguna recomendación en particular?

Lo conversamos aquí.

5 comentarios:

  1. Ejemplos de que se aprende a base de constancia sería Flaubert o Vargas Llosa, como ellos mismo lo han hecho saber.

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    1. Amigo Menacho: Yo soy escritor (por lo menos he publicado una novela), sin el menor estudio de narrativa, lingüística, historia o cosa por el estilo, si soy un gran lector de todo lo que venga a mano, literatura española, historia, arte y sobre todo política, ESO (la lectura), me dio muchas facilidades para desarrollar una trama y escribir con cierto tipo de éxito, y además de manejar con cierta coherencia el lenguaje, lo cual practique con la oratorio en algunos escenarios. Por lo tanto creo que los escritores se hacen, se puede empezar en cualquier momento, y calro sin descartar la posibilidad de nacer con ciertas habilidades, allí destaco a los genios, Lope de Vega, el mismo Flaubert, Vargas Llosa (mi paisano), Sartre, El Gabo, Verne, Alan Poe, en fin tantos .
      PD: Mi profesión es ingeniería, allí es más fácil escribir por la rigidez de la ciencia, y bueno también ensayo algo por allí.
      Muchas gracias y disculpen lo extenso de la opinión.
      Aldo Gil Crisóstomo-Lima Perú

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  2. Sí, Juan Carlos, ¡escritores laboriosos reconocidos los dos!

    Al contrario, Aldo, ¡gracias por compartir tu visión del tema! Es interesante lo que planteas: disciplinas alejadas en teoría de lo literario (la mirada "ingenieril" o la perspectiva filosófica) pueden enriquecer la creación dándole profundidad, dándole rigor...

    Gracias por sus opiniones. ¡Saludos!

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  3. Hola, creo que el oficio de escritor se desarrolla con la disciplina, el buen uso del lenguaje y la imaginación. Alguna vez leí la siguiente frase de Claudio Magri en su libro "El Danubio": El significado y el rigor de la ley no sofocan la pasión, pero le dan la fuerza y ​​la realidad.

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  4. En mi opinión: Pienso que un autentico escritor nace "quizá me se me catalogue de romántico" pero siempre me ha gustado creer y percibo que lo que impulsa a escribir es una "necesidad" misteriosa y subjetiva y es esa necesidad la que define a una persona como un escritor autentico desde el primer momento que se decide a intentarlo y comienza a dar sus primeros pasos vacilantes. Lejos del trabajo que conlleve dominar la técnica y encontrar un estilo siempre deberá estar ahí ese impulso de hacerlo, una necesidad tan grande que lleva a poner toda su vida en ello. El resto si se puede aprender "aprender a escribir" si creo que se puede y no hay mejor escuela que leer; la lectura es el el torrente de vida de un escritor, de ahí debe mamar para nutrirse inconscientemente y lo importante siempre es "evitar el plagio" eso pienso yo. Por otro lado no creo en que se pueda aprender a escribir asistiendo a una escuela, "Las escuelas responden a un intento de academizar el arte" el arte no es ciencia ni una tecnica, no puede sistematizarse y no debe vulgarizarse tal cual. pogamonos a pensar
    ¿Qué se espera de una escuela de escritores? digamos que se ingresa con la ilusión y seducidos por las promesas que los representantes de la academica nos hacen: "si paga este curso, nosotros le aseguramos salir de aquí siendo un escritor autentico" y mi pregunta es la siguiente ¿Quienes son los profesores? ¿si tan buenos son por que no han producido algo digno de un escritor autentico? "aunque sea chiquito, pero cuando es autentico se vuelve grande"

    saludos y felicidades por su Blog trata temas muy interesantes

    Miguel Angel

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