viernes, 1 de abril de 2011

Kundera, la casi insoportable complejidad del sentimiento

El 1º de abril de 1929 nacía el escritor checoslovaco —exiliado en Francia desde hace décadas—, Milan Kundera, autor de La insoportable levedad del ser, La inmortalidad, La broma, entre otras muchas obras. De su libro La despedida, hemos extraído estos fragmentos para recordarlo:
No hay nada que pueda llenar tanto a una persona como los celos. La muerte de la madre de Kamila, hace un año, fue sin duda una desgracia mayor que cualquiera de las aventuras del trompetista. Y sin embargo, la muerte de la mamá había sido menos dolorosa, aunque Kamila quería a su madre enormemente. Aquel dolor fue misericordiosamente multicolor: había en él tristeza, nostalgia, emoción, autorrecriminación (¿había cuidado suficiente de ella?, ¿no la habría desatendido?) y serena sonrisa. Aquel dolor fue misericordiosamente disperso: los pensamientos iban del féretro de la madre, se desplazaban hacia decenas de preocupaciones prácticas, se desplazaban al futuro que permanecía abierto y en el cual, como consuelo (sí, fueron un par de días de días excepcionales, durante los cuales él fue para ella un consuelo), se hallaba Klima.

Pero el dolor de los celos no se movía en espacio alguno, daba vueltas como un berbiquí alrededor de un solo punto. No había dispersión alguna. Si la muerte de la madre abría las puertas al futuro (un futuro distinto, más huérfano pero también más maduro), el dolor producido por la infidelidad del marido no habría futuro alguno. Todo se centraba en la única (inmutablemente presente) imagen del cuerpo infiel, en un único (inmutablemente presente) reproche. Cuando murió su madre, podía oír música, podía incluso leer; cuando tenía celos no podía hacer absolutamente nada.
(...) Sólo la casualidad puede ante nosotros aparecer como un mensaje. Lo que ocurre necesariamente, lo esperado, lo que se repite todos los días, es mudo. Sólo la casualidad nos habla.

No es la necesidad, sino la casualidad la que está llena de encantos. Si el amor debe ser inolvidable, las casualidades deben volar hacia él desde el primer momento, como los pájaros hacia los hombros de San Francisco de Asís.

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