viernes, 23 de abril de 2010

Lo "real maravilloso" según Carpentier

El 25 de abril de 1980 muere, en París, Alejo Carpentier, escritor y ensayista cubano. Fue de los primeros escritores en desarrollar el concepto de realismo mágico, que se volvió luego una referencia obligada para hablar de la literatura latinoamericana.

La definición real maravilloso fue inventada por él y divulgada en el prólogo a su novela El reino de este mundo. Allí sostiene que lo americano es en sí mismo mágico y portentoso, y que, por lo tanto, puede prescindir de ciertos artilugios narrativos tendientes a destacar su condición extraordinaria. En otras palabras, a los escritores latinoamericanos no les hace falta seguir la receta de los surrealistas europeos, que fuerzan o exaltan la realidad para que asombre al lector o que sumergen al hombre y su entorno en un mundo de fantasía y misterio ficticios. La realidad misma, en estos países nuevos de América Latina, es pura maravilla for fuerza propia. Así lo formula Carpentier:
Pero pensaba, además, que esa presencia y vigencia de lo real maravilloso no era privilegio único de Haití, sino patrimonio de la América entera, donde todavía no se ha terminado de establecer, por ejemplo, un recuento de cosmogonías. Lo real maravilloso se encuentra a cada paso en las vidas de hombres que inscribieron fechas en la historia del Continente y dejaron apellidos aún llevados: desde los buscadores de la Fuente de la Eterna Juventud, de la áurea ciudad de Manoa, hasta ciertos rebeldes de la primera hora o ciertos héroes modernos de nuestras guerras de independencia de tan mitológica traza como la coronela Juana de Azurduy. Siempre me ha parecido significativo el hecho de que, en 1780, unos cuerdos españoles, salidos de Angostura, se lanzaran todavía a la busca de El Dorado, y que, en días de la Revolución Francesa -¡vivan la Razón y el Ser Supremo!-, el compostelano Francisco Menéndez anduviera por tierras de Patagonia buscando la Ciudad Encantada de los Césares.

(…) todo resulta maravilloso en una historia imposible de situar en Europa, y que es tan real, sin embargo, como cualquier suceso ejemplar de los consignados, para pedagógica edificación, en los manuales escolares. ¿Pero qué es la historia de América toda sino una crónica de lo real-maravilloso?

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