jueves, 30 de abril de 2009

Culebrones eran los de antes

"¡Eres un hipócrita!" [reforzando el acento del insulto todo lo posible]
"Déjame en paz, Carlos Alfredo, ¡para mí tú estás muerto y sepultado!"

"Luis Abelardo: tú y María Begonia no pueden casarse porque… porque: ¡ella es… tu hermana!" [y la cámara hace un acelerado primer plano al rostro del héroe, que queda pestañeando conmovido, al tiempo que niega con su cabeza para rechazar la indigerible realidad]

... no hace falta haber pasado las tardes de los últimos lustros sentados religiosamente delante del televisor para saber que estos son diálogos de una telenovela. Casi que basta haber hecho un solo zapping ocasional para identificarlo.
Es que para reconocer el género culebrón contamos con indicios que se dejan apreciar en pocos segundos: la gran teatralidad de que hacen gala los actores; el melodramatismo de sus parlamentos; los profusos o, al menos, rimbombantes nombres propios; y, finalmente, esos argumentos que abundan en heroínas pobres de toda pobreza (aunque sean –en realidad– las únicas herederas legítimas de la poderosa empresa familiar), en paralítico/as o ciego/as que no son tales, en hijos no reconocidos y en embrollos de todo tipo y tenor, que hacen que la pareja protagónica muchas veces no pueda pasar de furtivos (pero apasionados) besos ocasionales hasta el final de la tira.
Con estos ingredientes, tenemos una novela prototípica (y, tal vez por eso, una de las más exitosas de la historia) como Los ricos también lloran (México, 1979), protagonizada por la gran Verónica Castro. Y Topacio (Venezuela, 1984), de Grecia Colmenares, heroína sufrida como pocas (con el hit de Carlos Mata "Que por qué te quiero", ¿lo recuerdan?). Y Cristal (Venezuela, 1986), del mismo Mata y la altiva Jeanette Rodríguez. Por supuesto, también Amándote (Argentina, 1988), ya algo más cerca de la comedia. Y otras memorables de Arnaldo André, como Piel naranja (escrita por el talentoso Alberto Migré, que se animaba a transgredir las convenciones y, por ejemplo, presentar finales trágicos), Amor gitano y Amo y señor (todas estas argentinas, de 1975, 1983 y 1984, respectivamente). Todas musicalizadas con esos temas inolvidables como "Mi vida eres tú" o "Rosa / Salvaje, / soy yo…" de Rosa salvaje, obviamente).

Receta básica, burda si se quiere, pero hechizante. Por meses y meses uno vivía esclavizado: no hacía otra cosa durante la hora de la emisión que estar petrificado delante de la pantalla de modo de no perderse una escena. Se sufría con las heroínas y se odiaba a las villanas: las historias podían ser muy fantasiosas, pero la identificación que generaban era inquietante. De hecho, María Rubio, la actriz que le puso el cuerpo a Catalina Creel, la mala malísima de Cuna de lobos (México, 1986) debió irse una temporada del país al terminar la novela porque sufrió agresiones físicas y verbales. Y eso que era una malvada que daba gusto ver porque tenía la delicadeza de combinar el parche que usaba para tapar su ojo supuestamente atrofiado con la ropa que lucía cada día. En un alarde de elegancia, llevaba, por ejemplo, con tailleur fucsia, parche fucsia; con bata gris perla, parche gris perla; con tapado escocés, parche escocés, ¿se acuerdan? (si no se acuerdan, no pierdan la oportunidad de rememorarlo aquí).

Las novelas de hoy en día son, en cambio, más livianas (sin considerar las novelas brasileñas, que siempre fueron más libres y desacartonadas). Hay malos, pero no son tan retorcidos ni caricaturizables. Las heroínas no la tienen fácil, pero eso hasta puede dar pie a la comicidad (miren, si no, Betty, la fea). Y a veces los problemas pasan por enredos de género sexual en el mismo protagonista, como en la reciente La Lola, en vez de tener que ver con tretas ajenas.

En pocas palabras, las novelas de hoy han perdido grandilocuencia, romanticismo y afectación, para reflejar mejor el mundo real. Algunas incluso asumen cuestionamientos políticos de épocas recientes, como la actual novela argentina Vidas robadas. Puede decirse con convicción que estas nuevas producciones revitalizan el género. ... Y, sin embargo, novelas (en el sentido de culebrones verdaderamente atrapantes)... novelas eran las de antes.

3 comentarios:

  1. En Venezuela tenemos muy buenos escritores de novelas llenas de truculencia, drama y pasiòn, protagonizadas por noveles actores y actrices salidas del Miss Venezuela, dejándole a excelentes actores y veteranas actrices papeles secundarios. En tiempos pasados pudimos ver en TV las de nuestro insigne Ròmulo Gallegos como "Doña Bàrbara" una recia descripciòn del llano venezolano, hace poco llevada al cine. Segùn contaban nuestras abuelas algunas llegaron a durar hasta 3 años como "El derecho de Nacer"

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  2. ¿Tienes un blog realmente útil que he estado aquí leyendo durante una hora aproximadamente. Yo soy un novato y su éxito es en gran medida una inspiración para mí.

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  3. Me encanta Libros en red. Éste post, es bastante interesante, porque es muy certero el enganche de la lectura con el primer párrafo. Aunque hay quienes, para empezar a leer un libro, primero leen el último párrafo, no se que tan seductor sea eso, pero los hay.

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