Desempeñó corresponsalías de diarios y empleos diplomáticos en El Salvador, Chile, Argentina, España, Estados Unidos y Francia. Entre sus obras se destacan Cantos de vida y esperanza y Prosas profanas. Encarna el movimiento modernista en América Latina. Su obra se caracterizó por la renovación del lenguaje poético, por las innovaciones temáticas, el esteticismo y el exotismo.
En vida generó polémicas y despertó admiraciones. Años más tarde, en su "Mensaje en honor de Rubén Darío", Jorge Luis Borges sostuvo: "Cuando un poeta como Darío ha pasado por una literatura, todo en ella cambia".
A principios del siglo pasado, Darío publicó el poema "Yo persigo una forma". Casi por definición, el ser humano vive con una sensación de desconcierto latente respecto de la realidad, siempre buscando sentidos. En Darío, esto tiene que ver, también, con un clima de época: la modernización acelerada a nivel mundial que desacomodaba el orden conocido. Ese desajuste anímico aparece en estos versos (de acostumbrado preciosismo formal), por eso los reproducimos aquí:
Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo,
botón de pensamiento que busca ser la rosa;
se anuncia con un beso que en mis labios se posa
el abrazo imposible de la Venus de Milo.
Adornan verdes palmas el blanco peristilo;
los astros me han predicho la visión de la Diosa;
y en mi alma reposa la luz como reposa
el ave de la luna sobre un lago tranquilo.
Y no hallo sino la palabra que huye,
la iniciación melódica que de la flauta fluye
y la barca del sueño que en el espacio boga;
y bajo la ventana de mi Bella-Durmiente,
el sollozo continuo del chorro de la fuente
y el cuello del gran cisne blanco que me interroga.
Que hermoso poema, no en vano su nombre ha perdurado hasta nuestros dias.
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