viernes, 18 de noviembre de 2011

Marcel Proust vuelve a morder la magdalena

El 18 de noviembre de 1922 muere, a los 51 años, el escritor francés Marcel Proust.

De su obra más afamada, la serie de siete novelas que componen En busca del tiempo perdido, recordaremos el fragmento más citado –seguramente porque relata, más que un episodio dentro de la historia, el gesto fundamental de toda la novela: la evocación–, que se encuentra en el principio de Por el camino de Swann, la primera entrega:
«Me llevé a los labios una cucharada de té en el que había echado un trozo de magdalena. Pero en el mismo instante en que aquel trago, con las migas del bollo, tocó mi paladar, me estremecí, fija mi atención en algo extraordinario que ocurría en mi interior. Un placer delicioso me invadió, me aisló, sin noción de lo que lo causaba…

[…] En cuanto reconocí el sabor del pedazo de magdalena mojado en tila que mi tía me daba (aunque todavía no había descubierto y tardaría mucho en averiguar el por qué ese recuerdo me daba tanta dicha), la vieja casa gris con fachada a la calle, donde estaba su cuarto, vino como una decoración de teatro a ajustarse al pabelloncito del jardín que detrás de la fábrica principal se había construido para mis padres, y en donde estaba ese truncado lienzo de casa que yo únicamente recordaba hasta entonces; y con la casa vino el pueblo, desde la hora matinal hasta la vespertina y en todo tiempo, la plaza, adonde me mandaban antes de almorzar, y las calles por donde iba a hacer recados, y los caminos que seguíamos cuando hacía buen tiempo. Y como ese entretenimiento de los japoneses que meten en un cacharro de porcelana pedacitos de papel, al parecer, informes, que en cuanto se mojan empiezan a estirarse, a tomar forma, a colorearse y a distinguirse, convirtiéndose en flores, en casas, en personajes consistentes y cognoscibles, así ahora todas las flores de nuestro jardín y las del parque del señor Swann y las ninfeas del Vivonne y las buenas gentes del pueblo y sus viviendas chiquitas y la iglesia y Combray entero y sus alrededores, todo eso, pueblo y jardines, que va tomando forma y consistencia, sale de mi taza de té […]»

2 comentarios:

  1. CONOCERÉ JUNTO USTEDES LO QUE NOS LEGALO ESTE ESCRITOR
    MUCHAS GRACIAS
    RECUERDO MIS SITIOS DE LA INFANCIA

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  2. Hay un lugar en los recuerdos de la infancia, que se abre como una puerta misteriosa, a veces es la música, o un aroma, a veces un color, que desemboca en la infancia, entre las ramas de algún árbol, lanzando cuescos de damasco, recolectando caracoles, o quizá tirados de espalda sobre el pasto, como si la Tierra se hubiese detenido, buscando nuevas formas, ocultas entre los pliegues cambiantes de las nubes.
    La niñez es como una golondrina que busca eternamente ese verano en el que se quedó a vivir eternamente nuestra risa.
    Desde el Centro de Extensión Cultural Pablo Neruda de San Fernando, VI Región, Chile.
    neruda_sanfernando@hotmail.com

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